El saludo más amable del mundo/ O comprimento mais amável do mundo [ES/PT]

[Versão em português abaixo]

Llegas a un lugar, cualquier lugar y eres recibido por una persona que junta sus manos, hace una pequeña venia y te dice algo que probablemente no entenderás pero que suena tan hermoso que te conmueve. Así es el saludo en Tailandia y en diferentes partes de Asia. He leído ya sobre la etiqueta de los saludos en Japón, el grado de inclinación al saludar y de qué manera esto expresa respeto, pero cuando llegué a Tailandia no sabía nada de esto.

No es de sorprender, además, que semejante buena impresión estuviera acompañada de un paisaje único, pues mi entrada a este país no fue su capital, sino que llegué directamente a una islita en el Golfo de Tailandia llamada Koh Yao.

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Podría añadir que allí me hospedé por primera vez en un hotel de categoría superior, no por las estrellas que ostenta, sino por ofrecer una verdadera experiencia en todos los sentidos. Nuestra habitación era el segundo piso de una cabañita, sin ventanas, recibiendo la brisa del mar y a pocos metros de la playa. Dormíamos escuchando las olas, en una cama protegida por velos blancos. Teníamos un sofá y espacio suficiente para meditar o hacer yoga. Los funcionarios del hotel nos reconocían por nuestros nombres y hacían todo lo posible por hacernos sentir bien. Después de esta visita sigo buscando experiencias similares en los diferentes lugares a los que voy. Antes subestimaba el poder de un buen lugar de mar, pues rechazaba los típicos resorts, siempre congestionados y genéricos, pero después del Koh Yao Island Resort llegué al trinomio que guía todos mis viajes con más de un destino: debe haber un lugar urbano, uno histórico y uno de playa.

Descubrí también que hay toda una oferta de descanso que permite privacidad y espacio suficiente para explorar a gusto. En aquella ocasión también aprendí que existía una cantidad de cadenas de hoteles de lujo de las que nunca había escuchado y que ofrecían mucho más de lo que imaginaba hasta el momento. Allí nació un gusto que al día de hoy sigo y ciertamente seguiré explorando.

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Volviendo al saludo, podría decirse que era parte de la hospitalidad del hotel. Pero más adelante, ya en la agitada Bangkok, descubrí que no se trataba de algo exclusivo de un establecimiento, sino que era algo común entre las personas que encontraba en el camino.

Me inspiró un profundo respeto y quise retribuir la cortesía. Como no podía identificar las palabras, apenas podía ofrecer una sonrisa y una torpe venia. Quería decirles que los apreciaba por mostrarme una belleza nueva, pero no hay gesto suficiente para eso.

Ya les contaré como me va en Japón (texto escrito antes de mi viaje al Extremo Oriente).

Si quieres saber más sobre este hermoso hotel, consulta su página: http://www.koyao.com

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Você chega em um lugar, qualquer lugar e é recebido por uma pessoa que junta suas mãos, faz uma pequena vênia e diz algo que provavelmente você não entenderá, mas que é tão belo que comove. Assim é o comprimento na Tailândia e em diferentes partes da Ásia. Já li sobre a etiqueta dos comprimentos no Japão, o grau de inclinação da vênia e como isto expressa respeito, mas quando cheguei à Tailândia não sabia nada disto.

Não surpreende, ademais, que semelhante boa impressão estivesse acompanhada por uma paisagem única, pois minha chegada a este país não foi sua capital, mas uma pequena ilha no Golfo da Tailândia, chamada Koh Yao.

Poderia adicionar que ai fiquei por primeira vez em um hotel de categoria superior, não por suas estrelas, mas por oferecer uma verdadeira experiência em todos os sentidos. Nosso quarto era o segundo andar de uma casinha, sem janelas, recebendo a brisa do mar e a poucos metros da praia. Dormimos escutando as ondas, numa cama protegida por véus brancos. Havia um sofá e espaço suficiente para meditar ou praticar yoga. Os funcionários do hotel sabiam nossos nomes e faziam tudo o possível por agradar. Depois desta visita continuo buscando experiências similares nos diferentes lugares onde vou. Antes subestimava o poder de um bom lugar de praia, pois rejeitava os típicos resorts, sempre cheios e genéricos, mas depois do Koh Yao Island Resort cheguei ao trinômio que guia todas minhas viagens com mais de um destino: deve incluir um ponto urbano, um histórico e um de praia. 

Também descobri que há toda uma oferta de descanso que permite privacidade e espaço suficiente para explorar à vontade. Naquela ocasião também aprendi que havia uma quantidade de redes de hotéis de luxo que não sabia que existiam e que oferecem muito mais do que imaginava até o momento. Ai nasceu um gosto que até hoje alimento e certamente continuarei explorando.

Voltando ao comprimento, poderia dizer que era parte da hospitalidade do hotel. Mas depois, já na agitada Bangkok, descobri que não era algo exclusivo de um estabelecimento, mas que era algo comum entre as pessoas que encontrava no meu caminho. 

Isso inspirou em mim um profundo respeito e quis retribuir a cortesia. Como não podia identificar as palavras, apenas podia oferecer um sorriso e uma tímida vênia. Queria lhes dizer que os apreciava por terem me mostrado uma beleza nova, mas não há gesto suficiente para isso. 

Depois contarei como foi minha experiência no Japão (texto escrito antes da viagem ao extremo Oriente).

Se você quiser saber mais sobre este belíssimo hotel, consulte o site: http://www.koyao.com


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