¿Qué comen los chinos?

 

Estando a unos meses de viajar a China, busqué en una librería algo de literatura de ese país. No buscaba nada en particular pero, como suele suceder con los libros, llegó a mis manos un volumen de “Las buenas mujeres de China”, de la periodista y escritora Xinran. Decidí comprarlo y no me arrepentí: no solo ha sido uno de los libros más conmovedores que he leído, como también me presentó una nueva cara de la cultura china. Me gustó tanto que el mismo día que lo terminé de leer busqué en Internet otros libros de la autora y compré uno que se titula “¿Qué no comen los chinos?”.

 

Una vez más no sabía qué podría encontrar, pero el título sugería algo interesante, sobretodo porque me encontraba en fase de preparación para el viaje. Cuando lo recibí constaté que se trataba de una serie de artículos cortos.

 

Xinran ejerció el periodismo desde la época de la Revolución Cultural china. En la década de 1980 comandó un programa dedicado a las mujeres, algo totalmente novedoso en su país, en el cual reunió muchas de las historias que comparte en el libro de “Las buenas mujeres de China” y más adelante se mudó al Reino Unido, en donde dicta clases de cultura china y escribe para The Guardian. Pues bien, la recopilación de artículos viene de este último periodo.

 

No es de sorprender, por lo tanto, que a menudo se le preguntara: ¿qué no comen los chinos? Como yo no tengo mejor manera de responderlo, transcribiré un fragmento de su relato:

 

“A (una mujer occidental): “¿Me podrías decir qué no comen los chinos?”

B (un hombre chino): “¿Te puedo responder al contrario?”

A: “Sí, claro. Quieres decir, ¿qué comen los chinos?”

B: “Escucha con atención. Todo lo que vuela en el cielo y puedes ver, excepto aviones; todo lo que nada en el río y en el mar, excepto submarinos; todo lo que tiene cuatro patas sobre la tierra, excepto mesas y sillas – eso es lo que comemos.”

 

Lo más interesante de Xinran es que capta el choque de culturas y entiende por qué a un occidental pueden sorprenderle ciertas características de la suya. Muy acertadamente, suele relatar el otro punto de vista y deja margen a la reflexión, como lo hace más adelante en el mismo relato:

 

“Esa conversación me despertó otro viejo recuerdo. En 1991, cuando entrevisté algunas mujeres en casa de Mao Zedong en Shaoshan, en la provincia de Hunan, ellas me preguntaron: “escuchamos decir que los occidentales comen carne de vaca todos los días ¿es verdad? ¿pero cómo? Las vacas sustentan a los humanos con su leche y su trabajo duro. Ellas son las manos de los hombres en la tierra, ellas son nuestras vidas, ellas hasta lloran si matas un animal delante de ellas. Ellas tienen sentimientos”.

 

Nota:

Traducción libre de los fragmentos encontrados en el libro:

Xinran, (2008), O que os chineses não comem. São Paulo: Companhia das Letras.


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